jueves, 30 de mayo de 2013

El desarrollo económico de la segunda mitad del XIX



Las causas del desarrollo económico valenciano duante la segunda mitad del siglo XIX se debió a tres aspectos: la expansión agrícola, los nuevos negocios especulativos entre los que se encontraba el desarrollo del ferrocarril y el inicio del proceso de industrialización.
En las décadas centrales del siglo XIX, de 1840 a 1870, se dio un momento decisivo para la evolución agraria valenciana. Se produjeron grandes cambios en la estructura de la propiedad de la tierra, entrando nuevas tierras en el mercado por las desamortizaciones. Además, se produjo una expansión de cultivos como el naranjo o la vid, lo que permitió a su vez la expansión de una agricultura comercial. Todo ello permitió la consolidación de una burguesía terrateniente agrocomercial, dedicada a una agricultura eminentemente comercial, que se constituyó en un sólido pilar de apoyo del liberalismo moderado.
En las décadas centrales del siglo XIX se fue configurando esta burguesía, con una procedencia heterogénea. Así, en algunos casos provenía de antiguos enfiteutas que habían podido acceder a la tierra y se habían enriquecido, mientras que también había antiguos nobles aburguesados, dedicados a los negocios, que solían ser miembros del Partido Moderado. Era el caso de la casa nobiliaria Roca de Togores, destacando Mariano Roca de Togores, Marqués de Molins.
Las transformaciones en la estructura de la propiedad de la tierra tuvieron efectos negativos sobre los campesinos, ya que las parcelas no se vendieron en pequeños lotes, sino en grandes extensiones que éstos no podían comprar. Además, algunos burgueses habían visto un filón en la compra de tierras, con lo que hubo cierta especulación. Esto provocó que muchos campesinos se proletarizaran, por lo que dejaron de dedicarse a la agricultura y hubieron de emigrar a las ciudades, conformándose como mano de obra industrial de bajo coste. Estas consecuencias negativas sobre el campesinado explican en gran medida el apoyo del campo al carlismo.
El auge de la agricultura comercial fue un elemento de primer orden en la historia del País Valenciano, lo que se enmarcaba en un contexto europeo de industrialización y mejora de las comunicaciones. Los cultivos que más crecieron fueron la vid, el naranjo, el arroz, el almendro y las hortalizas, en detrimento del trigo, la morera o el olivo y el algarrobo, que fueron desplazados hacia las zonas del interior.
Este desarrollo de cultivos no se puede entender sin la expansión de los regadíos y las innovaciones agronómicas. La Real Sociedad. Económica de Amigos del País de Valencia promovió diversos proyectos para realizar ampliaciones de los canales de regadío y crear pozos. Se prolongó además a mediados de siglo la Acequia Real del Júcar, que no se había ampliado desde su creación en la segunda mitad del siglo XIII. También se construyó el embalse de Guadalest.
Además se introdujeron nuevos abonos, de carácter natural,como el guano, introducido por José Polo de Bernabé. Estaba formado por excrementos de aves marinas y murciélagos, y su efectividad era alta, produciendo un aumento considerable de la producción de la naranja. A finales del siglo XIX ya se introdujeron los fertilizantes químicos.
El cultivo de la vid fue la base de un activo comercio de vinos y depasas a finales del siglo XVIII. Pero la gran expansión del viñedo entierras valencianas llegaría a partir de 1854, gracias a la plaga de oidium, que afectó a gran parte de Europa, pasando casi de largo de lasvides valencianas. En los años 60 llegaría además la plaga de filoxera,que asoló los viñedos europeos. Por ello se dio una enorme demanda de la vid valenciana en la década de los 50, lo que motivó que se plantaran 50.000 nuevas hectáreas de vid, destacando la comarca de Requena-Utiel por su gran aprovechamiento vinícola. En el último tercio del siglo XIX se daría la época dorada, y la superficie de la vid se multiplicó en el Valle de Albaida, en el Alto y Medio Vinalopó y en la Marina Alta. En Requena-Utiel la vid ocupó másde la mitad del territorio. La exportación de vinos valencianos pasó de 1 millón de hectolitros en 1879 a 5 millones en 1891.
El cultivo del arroz también se expandió, pero con una clara orientación al mercado interior. La mayor extensión del arrozal se dio en Valencia, en zonas como La Albufera, los marjales de la Costera y la Ribera Alta.
El naranjo se comenzó a extender en diversas zonas de Castellón desde 1840. Pero el verdadero auge de su cultivo no comenzó hasta mediados del siglo XIX, cuando José Polo de Bernabé trajo mandarinas de China y nísperos de Japón, aplicando además nuevas técnicas de abono, como el guano, a su cultivo. La naranja se había exportado a nivel menor desde finales del siglo XVIII, en base a barcos de cabotaje. Pero la verdadera expansión de la naranja llegaría con la conquista del mercado inglés, hecho que se produjo a partir de 1850, cuando José Aguirre y los hermanos Fournier realizaron los primeros envíos. Aún así, el verdadero boom exportador llegaría a finales del siglo XIX. En 1880 el 80% de los cítricos españoles exportados provenían del País Valenciano. Además, en 1890 el País Valenciano exportaba 140.000 toneladas de naranjas, mientras que en 1910 la cifra había ascendido a 500.000 toneladas, lo que nos revela el inusitado auge. La ciudad más beneficiada por este auge exportador fue Valencia, por la estratégica posición de su puerto. Así, a finales del siglo XIX el naranjo se había convertido en un monocultivo en muchas zonas.
En conclusión, la transformación y orientación en sentido comercial de la agricultura valenciana fue un proceso de modernización capitalista que nos muestra la adaptación de la burguesía a la demanda del mercado.
Además, gran parte de esa burguesía agrocomercial se implicó en nuevos negocios de carácter especulativo. Invirtieron en sociedades bancarias, negocios urbanos y por encima de todo, en la construcción del ferrocarril. Así, la reinversión del capital creó una nueva burguesía financiera valenciana, ejemplificada en la figura de José Campo. José Campo y su padre comenzaron a comerciar en 1839 en el puerto de Valencia, y en 1843 José Campo fue nombrado alcalde de Valencia por la reina Isabel II, con 29 años únicamente.
Durante su alcaldía se promovió el desarrollo del ferrocarril, la actividad financiera y la creación de sociedades financieras como la Sociedad Valenciana de Crédito y Fomento, la primera sociedad bancaria valenciana, creada en 1846, para estimular el desarrollo económico de la provincia. Estaba compuesta por los principales terratenientes alicantinos, involucrados también en el lucrativo negocio del abastecimiento de agua potable.
El ferrocarril apareció en fechas tempranas en tierras valencianas, por el interés que despertó entre las burguesías de Valencia y Alicante. El primer proyecto elaborado para unir Madrid con el Mediterráneo fue la Línea del Mediterráneo, del año 1844. El proyecto uniría Madrid con Alicante, pero no se ejecutó finalmente por falta de capital. Las dos compañías ferroviarias más importantes ahora en el territorio valenciano son:
-         la MZA (Madrid- Zaragoza- Alicante)
-         la AVT (Almansa- Valencia- Tarragona)
En la ciudad de Valencia el ambiente también era muy favorable en la década de los 40 al tendido de líneas de ferrocarril. La Real Sociedad Económica de Valencia impulsó la construcción de una red ferroviaria para distribuir la producción agrícola de la zona. A la vez impulsó las obras de mejora del puerto de Valencia. En 1845 surgió la idea de conectar Madrid con Valencia, pero no se llevó a cabo por falta de capital probablemente.
José Campo creó la Sociedad del Ferrocarril del Grao de Valencia a Játiva, constituida por grandes terratenientes y relevantes políticos, como los Bertrán de Lis. Esta línea sí tuvo éxito, y quedó concluida en 1854. El interés de este tramo, además del puramente económico, era controlar la línea del Mediterráneo, obteniendo así una concesión para continuar las obras ferroviarias hasta Madrid. Esa licencia fue concedida en el tramo Játiva-Almansa.
Pero esta concesión chocaba de frente con el proyecto que tenía la burguesía alicantina. Un senador alicantino, el Marqués de Ríoflorido, era dueño de una concesión para construir el ferrocarril en el tramo Alicante-Almansa, y creó una sociedad financiera compuesta por la burguesía alicantina para construir ese tramo.
La cuestión se resolvió cuando las Cortes aprobaron ambos proyectos, y se decidió que ambas compañías explotarían de forma conjunta el tramo Almansa-La Encina, que bifurca la vía de Madrid.
Las nuevas leyes aprobadas dieron facilidades al capital extranjero para invertir en el sector ferroviario, que pronto entró en crisis en España. En 1856 el senador José de Salamanca llegó a diversos acuerdos con grupos económicos franceses, y la línea Madrid- Alicante pasó a manos de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, controlada mayoritariamente por el capital francés. Esta compañía concluyó las obras del tramo alicantino en marzode 1858, y así Alicante fue el primer puerto español unido con Madrid, quedando inaugurada la línea por la propia Isabel II.
Así, la burguesía alicantina tomó conciencia de sus propias limitaciones financieras, puesto que tuvo que ceder ante el capital extranjero, pero a la vez consiguieron que Alicante fuera el primer puerto unido a Madrid, lo que reforzó de forma importante ese eje comercial.
Vinculado al desarrollo del ferrocarril y de las comunicaciones en general esta el aumento de la circulación de barcos del puerto de Alicante, tanto barcos de vapor como de vela que se extienden mucho en el tiempo.  Además, se moderniza definitivamente el puerto de Valencia que favorece el comercio de la naranja.
El trazado del Ferrocarril y la importancia de las exportaciones hicieron que ganaran importancia las poblaciones costeras o cercanas a las vías del ferrocarril, mientras que las interiores quedaron más desplazadas.
En el proceso industrializador valenciano se dio un importante retraso con respecto a Europa occidental, muy visible en el proceso de modernización y mecanización. Y es que a finales del siglo XIX seguía predominando el trabajo artesanal. En segundo lugar, a ello se unió la decadencia de la industria de la seda, floreciente en el siglo XVIII, lo que favoreció el auge de la vid.
En tercer lugar, cabe destacar que se inició una pequeña industria textil, de la cerámica y del calzado, desde finales del siglo XIX a principios del siglo XX. La debilidad del proceso industrial valenciano vino dada porque la banca valenciana prefirió invertir en el ferrocarril y otros sectores urbanos y con mayores perspectivas de beneficio rápido. Así, la inversión en industria fue mucho menor.
Pero la importancia del sector industrial en el País Valenciano puede afirmarse teniendo en cuenta que era la 3ª región de España tras Cataluña y  el País Vasco como potencia industrial (u como resultado de esa industrialización podemos observar como se va a ir formando un movimiento obrero que va a conseguir progresivamente mas importancia y muestra de ello es que Alcoy se convertirá en la sede de la Internacional)
Una industria, por otra parte, concentrada más que nada en la provincia de Alicante. Es una industria dirigida al nivel de consumo (textil calzado, papel, etc.) y a diferencia del País Vasco, y  hay muy excepcionalmente una industria de medios de producción (siderurgia, etc.) .En términos generales, nos encontramos con empresas pequeñas dirigidas al mercado interior y excepcionalmente al exterior como Cuba temporalmente y Norte de África.
A mediados del siglo XIX cabe destacar el intento de crear un tejido de industria pesada en la ciudad de Valencia, con diversas fábricas de metalurgia y fundiciones, como la Fundición Primitiva Valenciana. Estas industrias no pudieron consolidarse por los bajos precios de los productos elaborados fuera de España. En Alicante, a pesar del florecimiento mercantil asociado al puerto, jamás se creó un centro industrial destacado en la ciudad, salvo la fábrica de tabacos, que llegó a dar empleo a unas 3.000 mujeres.
Alcoy fue la excepción a esta tónica general, constituyéndose como el único centro industrial valenciano. La industria alcoyana se centró en el sector textil y el papelero. En la década de 1850 la burguesía industrial de Alcoy había conseguido mecanizar sus fábricas, pese a las protestas artesanas, introduciendo los telares mecánicos y la máquina de vapor, cuyo uso en la década de los 60 estaba generalizado en Alcoy.
El sector textil lanero se especializó en la elaboración de paños de lana de baja calidad, que se destinaban a Andalucía, el Ejército o los mercados de las antiguas colonias. En cuanto al papel, también se apostó por producir papel de baja calidad, por la competencia exterior, usado como envoltorio de los productos agrícolas. La industria papelera alcoyana tuvo una etapa muy floreciente hasta 1880, momento en que empezó a decaer, la que había sido la zona productora del 75% del papel valenciano.
En las comarcas del Vinalopó, sobre todo en Elche y Elda, se desarrolló una industria del calzado desde mediados del siglo XIX, gracias al tradicional trabajo del esparto. La producción se comerciaba en los pequeños mercados ambulantes. En Elda, en torno a 1870, comenzaron a crearse talleres centralizados, con máquinas de coser y cortar telas. A principios del siglo XX el calzado eldense se introdujo ya en el mercado nacional, en Cuba y Marruecos. El calzado en Elche se basó en la producción de alpargatas, y en los años 80 del siglo XIX proliferaron talleres que las exportaban a Argelia y América. No hubo una diversificación de esa industria hasta bien entrado el siglo XX.
En cuanto a la industria de la cerámica, tenía una larga tradición artesana y el importante antecedente de la Real Fábrica de Alcora, creada en el siglo XVIII en Castellón. Los núcleos más importantes de la industria cerámica fueron Alcora, Manises, Alicante y Agost. Destacaba Manises, que contaba a finales del siglo XIX con 36 fábricas de cerámica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario