sábado, 25 de mayo de 2013

El carlismo en el País Valenciano



En marzo de 1830 Fernando VII dictó la Pragmática Sanción, por la cual se anuló la Ley Sálica, establecida por Felipe V, que impedía reinar a las mujeres. Esto significaba que Carlos María Isidro quedaba apartado del trono, lo que supuso una afrenta para los carlistas y les llevó a la conspiración carlista de La Granja, en septiembre de 1832. Así se fueron delineando dos facciones, los ultrarrealistas o carlistas por un lado, y los realistas moderados y los liberales conservadores por otro. La muerte de Fernando VII supuso el inicio de la transición hacia el liberalismo, y de 1833 a 1840 se dio la regencia de María Cristina de Borbón, seguida de 1840 a 1843 por la de Espartero.
Esa década estuvo marcada por la I Guerra Carlista, que duró desde 1833 hasta 1840, conocida en las tierras valencianas como la Guerra de Cabrera. Desde 1833 la actividad carlista en tierras valencianas fue muy activa, sobre todo en el norte de Castellón, en las comarcas del Maestrazgo, Ponts y Serranos. A los partidos carlistas se adhirieron muchos voluntarios realistas, dirigidos por el barón Hervés, proclamando a Carlos María Isidro como rey. En noviembre de 1833 tomaron la ciudad de Morella, lo que se considera el inicio simbólico de la guerra carlista en el País Valenciano.
En cuanto a los sectores sociales que apoyaron al carlismo, podría hablarse de la alta nobleza, que pretendía mejorar su status y patrimonio mediante el mantenimiento de ciertos resortes del Antiguo Régimen. La Iglesia también fue una de las principales promotoras del carlismo, como muestra la figura del obispo de Orihuela, Herrero Valverde, y los famosos curas guerrilleros. Pero también hubo un gran apoyo al carlismo por parte del campesinado más empobrecido. Concretamente, el carlismo encontró un gran apoyo en el norte de Castellón y el Bajo Segura, como han estudiado Evarist Olcina, Jesús Millán y Jordi Canal.
El instrumento bélico principal del carlismo fue la guerra de guerrillas. A partir de 1835 Ramón Cabrera tomó el mando de las fuerzas carlistas en territorio valenciano, tras la muerte de su anterior líder, Carnicer, llegando a contar con unos 4.000 hombres. Ramón Cabrera, el tigre del Maestrazgo, nació en Tortosa, y después de estar en el seminario, que abandonó, protagonizó un ascenso muy rápido dentro del ejército real. Destacó como líder militar carlista, llevando a cabo ataques contra Villareal, Utiel y por sus intentos de sitiar las ciudades de Valencia y Castellón.
En 1837 llegó a la provincia de Alicante la expedición carlista de Forcadell, lugarteniente de Cabrera. Ocupó Orihuela a finales de marzo de 1837, encontrando grandes adhesiones. Entonces se organizaron milicias liberales desde Alicante para acabar con los carlistas, que tuvieron que huir hacia Elche y posteriormente en dirección a Almansa, donde consiguieron hacerse fuertes. En 1837 Cabrera ocupó Burjassot, llevando a cabo una violenta represión contra los isabelinos, que se saldó con más de 700 ejecutados, en represalia por el asesinato de su madre por fuerzas liberales.
En 1838 la guerra se centró en las comarcas del Maestrazgo y los Puertos. La ciudad de Morella se convirtió en un fortín inexpugnable de las fuerzas carlistas, constituyéndose en sede de la estructura administrativa de la facción. Finalmente, en 1839 Espartero y Maroto firmaron el Convenio de Vergara, que ponía fin a la guerra en el norte de España, ya que en el País Valenciano Cabrera no reconoció el convenio y prosiguió las operaciones militares, fortificándose en Morella. Libre del frente norte, todo el ejército isabelino, dirigido por Espartero y O’Donnell marchó hacia el País Valenciano, y en mayo de 1840 consiguieron la caída de Morella, con lo que se produjo el fin de la guerra carlista en tierras valencianas y en toda España. Cabrera hubo de exiliarse.
El más importante es la Segunda Guerra Carlista (1872- 1876), fue mucho menos importante que el carlismo de la primera guerra. De nuevo la zona del Maestrazgo es la zona  más importante en este territorio, pero no consiguieron controlar territorios amplios.
En cuanto al  carlismo, desaparece tras el final guerra carlista en 1876 y se constituye en torno al integrismo católico que sigue defendiendo ya no el absolutismo, pero si una religión con peso claro de la doctrina católica y la Iglesia como institución en la vida publica a través de organizaciones moderadas. Una vez que el carlismo ve que no tienen continuidad y que no van a conseguir hacerse con el poder, se abandona esa vía y se incorporan formas de actuación mas modernas, reflejadas en este integrismo católico que acaba pidiendo el voto para los conservadores o incluso presentándose ellos mismos a las elecciones, con lo que ya participan de la vida política. Sin embargo, este integrismo estaba muy dividido y le hacia perder peso y votos, a pesar del apoyo de la Iglesia católica.
Ya a principios del siglo XX hay propuestas de formar partidos y ligas católicas para defender los derechos de la Iglesia y de la religión. En la ciudad de Valencia tuvieron un peso muy importante, así que nos encontramos con el enfrentamiento entre los dos extremos, un radicalismo republicano importante y con peso y este integrismo católico.
Además, debemos mencionar la creación de esas Ligas católicas con su propia prensa, que convocan manifestaciones, realizan discursos en la calle para contrarrestar la importancia republicana de la ciudad,  es decir, si querían conseguir algo tenía que intervenir activamente. En la provincia de Alicante hubo dos centros importantes:
-En Orihuela (sede del obispado) donde nos encontramos el periódico de La lectura popular (periódico muy barato con un leguaje sencillo, provocador y con  muchas ilustraciones, de ahí su arraigo entre gente con un nivel cultural bajo, es decir, la mayoría de la población). A pesar de la anterior condena de la Iglesia a la prensa, ahora se da cuenta de la importancia que tenia para la difusión de ideas y ellos mismos crean sus periódicos de ideas católicas.
-Y el otro centro importante era la propia ciudad de Alicante con un pequeño círculo católico,  pero muy activo y  que se configuraba entorno a la figura de  Emilio Senante Llaudes y de su hijo, pero sobre todo, tenemos que decir que las formaciones de integristas católicos prevalecían en importancia en la ciudad de Valencia.
La presencia del integrismo católico tuvo su auge fundamental en la primera mitad del siglo XX, cuando estalla el enfrentamiento entre el clericalismo y el anticlericalismo en torno a una serie de acontecimientos.

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